martes, 9 de diciembre de 2014

Volverte a ver en un conjunto de pausas

A veces es bueno que pasen estas cosas porque me dan un pie para escribir, para crear algo lindo de leer a raíz de algo horrible de vivir. Desde ese punto de vista es productivo, pero desde otra perspectiva mucho mayor, es nefasto.
Volverlo a ver. Bueno, si, una sabe que no se murió. Que sigue con su vida, que ve a las mismas personas de siempre, que usa la misma ropa, que tiene el mismo trabajo y estudia lo mismo. Una sabe que sigue vivo, pero verlo e internamente comprobarlo, es otra cosa.
Es de alguna forma matar esa pobre esperanza de que la esté pasando mal, quizás, de que esté demacrado, triste, arrepentido. Es matar también la idea de que está genial, saliendo a bailar, con ropa nueva, mina nueva, más lindo que nunca porque no está más conmigo.
Es tener la certeza, tremenda, asquerosa, de que está igual. De que nada cambió en su vida. Ver que lo único rescatable es que se dejó crecer la barba, esa barba que supe amar tanto. Pero más allá de eso, está igual. Sigue yendo a la misma hora al mismo banco, con la misma camisa. Mira con los mismos ojos, habla de la misma manera con la misma boca,
y yo cambié tanto.





jueves, 25 de septiembre de 2014

Donde no van las melodías

Los padres de Serena no la dejaban cerrar la puerta de su cuarto con llave. Se la escondían.

Una vez la robó de la mesa de luz de su mamá y se encerró, solo porque para ella estaba prohibido. Pero le duró poco, el solo hecho de desobedecerlos le hacía sentir una culpa insoportable, y ese era uno de los primeros indicios de que nunca iba a poder hacer nada sin pedir permiso, de que siempre iba a necesitar la aprobación de alguien.

A Serena no le gusta estar sola. La vuelve loca estar sola, la hace llorar. No sabe estar sola porque nunca la dejaron y a la vez busca estar sola. Porque cuando una está acompañada se acostumbra, pero la compañía nunca, pero nunca dura para siempre. Y es mejor haber estado siempre sola que sacarse la costumbre de haber estado mucho tiempo acompañada.

Estar triste y acompañada es horrible, es sentirse menos que el otro. Es sentir que el otro te tiene pena, es humillarse. En cambio estar triste con una misma es un placer egoísta, por eso a Serena le gusta llorar y escribir sola. Pero siempre hay alguien que la quiere ayudar, y ella no siempre tiene ganas de contar lo que le pasa. Odia los consejos, odia los consejos inútiles, las críticas constructivas. Odia la gente que con su mejor buena voluntad la aconseja, como si a ella nunca se le hubiese ocurrido esa idea, como si ella hubiera elegido estar como está. Odia el hecho de tener que contarles a sus cercanos todo lo que le pasa, porque si no lo hace le reprochan que no confía en ellos.

Serena siempre tuvo la sensación de que todo el tiempo la pueden atrapar haciendo algo que no debe, que siempre alguien la puede estar mirando. Siempre alguien puede entrar, o salir, o lastimarla sin que ella lo espere. Por más sola y tranquila que ella piense que está, siempre tiene esa escondida sensación de que alguien puede en cualquier momento aparecer. Por más caparazón, por más soledad y corazón de piedra, por más mirada fría y contestaciones sarcásticas. Por más puerta cerrada, superficialmente cerrada, porque una puerta no está del todo cerrada si no está cerrada con llave, y los padres de Serena no la dejaban cerrar la puerta de su cuarto con llave.

miércoles, 4 de junio de 2014

No tan distintos

Me pidió que no me obsesione con él, que no lo asfixie, que no “lo consuma”, textualmente hablando. Pero no puedo entender, si el que me escribe canciones, se muere por verme los fines de semana y me dice que me extraña es él. ¿Estaré siendo una loca obsesiva y no me di cuenta? ¿O es él que no sabe lo que quiere?

Después de todo lo que hizo para estar conmigo, me pide que no me obsesione. Que haga lo que de verdad tengo ganas de hacer. Que no decida estar con él un sábado solamente para que él no salga, y me lo dice como si todas mis acciones giraran en torno a él y no en torno a lo que yo tengo ganas de hacer. Me dice que me quiere ayudar. ¿Ayudarme o ayudarse? Ayudarte. Ayudar(¿nos?).

No entiendo. Mirá si me voy a obsesionar, nunca necesité de nadie para estar bien. Me llevo bien conmigo misma, sola. Una cosa es que con vos esté mejor y te lo diga, pero eso no significa que no pueda estar sin vos. Te quiero mucho y me hacés muy bien, pero me vivís desanimando. Con tus miedos, con tus quilombos, con tus relaciones pasadas, me metés en cosas con las cuales no tengo nada que ver. De un día para el otro me hablás cortado y no me decís por qué. Me hacés pasarla mal. Pero pasarla bien también. 

Y en el fondo me gusta. Me gusta que me metas en tus cosas y te enquilombes conmigo. Que pienses todo el día en cómo hacerme estos planteos de mierda, que pienses en mí porque yo también pienso en vos. Me gustás vos y por eso me enredo y no te digo nada. Pero con cada pelea, escenita y planteo me voy des(¿enamorando?) más.

Y sí es cierto que te extraño, que necesito estar con vos y que cuando estamos peleados tengo un nudo constante en la garganta. Una tristeza entera que abarca todo lo que hago durante el día y una tristeza que nunca sentí por nadie. Y dependo de que estés bien. De que estés mal. De que estés.

Y entonces entiendo, la que tiene miedo soy yo. 

Run run


Flor caminaba, caminaba rápido y mientras caminaba las lágrimas saltaban de sus ojos como la lluvia sobre su uniforme, como gotitas suicidas. 
Suena el celular y flor atiende:
- no me digas esto, me hacés sentir una pelotuda. No, NO. No me sigue gustando simplemente no lo quiero ver más y la vida no me deja en paz. Pensé que este año, ahora que se fue, no lo iba a volver a ver y VUELVE. SIEMPRE VUELVE
Flor sube al colectivo entre llanto, angustia y nudos en la garganta
-$3,30 por favor
Está casi vacío. Son las 14:30 de un jueves lluvioso; hace frío y el cielo está nubladísimo. El colectivo arranca.
Mientras el colectivo anda,  no puede dejar de llorar en silencio. El señor que está sentado al lado la mira por el reflejo de su celular y Flor se da cuenta e intenta controlar las lágrimas, pero es tal la tristeza, la incomodidad de volverlo a ver, ver cómo se para y se ríe. 
-Lo odio. ¿Por qué me pasa esto a mi? Me cagó la vida.
Se levanta del asiento, va a la puerta y toca el timbre. El colectivo para y Flor baja. No puede soportar el sol, ni la ruta, ni la vida, y corre. Mientras sus lágrimas caen y caen el viento en su cara las va secando. Llega a su casa y se queda sentada en la puerta llorando con su gato.

Hoy lo va a ver.  

jueves, 10 de abril de 2014

Carece de sentido

Tengo la (¿mala?) suerte de que los hombres no quieran comprometerse conmigo. Se encariñan, me extrañan, me celan, en otras palabras, me rompen las pelotas como si fuéramos novios pero no se comprometen. 

Y este muchacho me agarró tan cansada de lo mismo que lo estoy apurando más de lo normal. Es que me violenta este protocolo del tiempo, que secreta y universalmente, todos aceptamos. ¿A qué me refiero? A esas reglas escritas en ningún lado que dicen que tenés que esperar a que él te diga que te extraña antes de decírselo vos, o que no te podés enojar si él está con otra cuando todavía “no son nada”, aunque hayan estado saliendo varios meses.

Si, reglas de mierda. Reglas que no juegan a favor de nadie y reglas de las que me cansé. No es que quiera gritar un amor a los cuatro vientos, no, para nada. ¿Pero por qué negar que nos gustamos? ¿Por qué no decirnos que nos queremos? No significa que nos tengamos que casar.


Me frustrás, boludo. 

sábado, 29 de marzo de 2014

Do I wanna know?

Es raro cómo gente que supo ser muy importante en tu vida literalmente de un día para el otro deja de hablarte o de tener contacto con vos. Y uno no sabe si esa persona dejó de quererte, o peor, si de golpe pasó a odiarte. Pero por alguna razón uno no pregunta, simplemente pasa a hacer lo mismo que el otro, ignora.

Qué feo ignorar la razón de una actitud que alguien tiene con vos. Que feo, porque de saberla, uno puede tratar de revertir la situación, o dar explicaciones,o putear o disculparse. Pero cuando se ignora el por qué, a uno se le abre en la cabeza el peor abanico de posibilidades: el abanico de culpas. Todas las cosas por las que nos sentimos culpables pasan a ser las posibles razones del enojo del otro. Y ahí sí no se sabe por qué putear o disculparse. Y ahí sí los dos se confunden. Y ahí sí los dos se alejan.

Ignorar los sentimientos de una persona nos lleva a lastimarla, o a lastimarnos. Ojalá pudieras saber si te quiere. Sospechás que sí, pero todavía no lo demuestra. Te hace mal estar así. Necesitás que algo se defina por sí o por no, si no quiere nada con vos te vas y listo. Pero, ¿y si te quiere como vos esperás? 
Lo bueno de la ignorancia es que te mantiene ahí, esperando una respuesta. No te deja irte, por las dudas, te tiene a su merced y queda en uno rendirse o no pero, ¿no nos gusta más ignorar y seguir esperando que tener una certeza de mierda?


Ignoro porque quiero.


lunes, 27 de enero de 2014

No me escribas la pared

Dicen que para estar bien por fuera hay que estarlo primero por dentro. Pero yo digo que cuando meterte en tu interior se te complica, no está mal arrancar por el lado superficial. Y si ni siquiera eso podés hacer porque estás bastante jodido, la mejor forma de acomodar tus ideas es ordenar tu entorno.

También dicen que para que entren cosas nuevas a tu vida hay que tirar las viejas, y así hice yo. Me cansé de todo lo que tenía pegado en el techo, en la pared. Me cansé de mis ideas, me cansé de mis gustos, de los posters de los Beatles, Marilyn Monroe y Las pastillas del abuelo. Me cansé de los recuerdos, de las cosas viejas, de pensamientos de quinceañera, de amores. Me aburrí.


Sí, me rayé y arranqué todo. Mi cuarto quedó vacío y yo también.

viernes, 3 de enero de 2014

La vié ets prostituée

No me caracterizo por mi buena memoria. Por eso escribir para mí es la mejor forma de tener memoria, cada vez que leo lo que escribí en el pasado vuelvo a sentir lo que sentía en ese momento. Aunque generalmente es angustia, otras veces es ternura. Ternura de todo el sentimiento que ponía en cosas que no se lo merecían, y es lindo ver el progreso que una va haciendo con los años y pasar de estar triste por algo que te hicieron a sonreír porque pasó.
Y  te juro que de todo eso se aprende. Del mal de amores al fin y al cabo se aprende. A mí me llevó a leer un montón de libros para distraerme y así conocí a los autores que más me marcaron, Cortázar por ejemplo. También me enseñó a no esperar todo de alguien. No te digo que no esperes nada de nadie, que desconfíes de todos, porque vivir desconfiando debe ser terrible. Pero nunca esperes que te devuelvan todo lo que das.


Paradójicamente, otra de las cosas que me enseñó el desamor es a darlo todo. Si tenés ganas, dalo y todo, aunque sepas que no vas a recibir lo mismo, porque no hay peor cosa que arrepentirse de no haber dicho o hecho algo. Tengo una amiga que dice que todos tenemos derecho a decir lo queramos por más loco y sincero que sea, siempre y cuando no faltemos el respeto. Y tiene razón, no hay por qué guardarse nada ni tener vergüenza de lo que pensamos. Hay que dejar de condicionarnos por qué irá a pensar el otro. Te parece que algo es así? Decilo.

Y ésta es una de esas entradas con las que espero sonreír algún día pero que hoy escribo en pijama entre mates lavados y ganas desesperadas de gritar, fumar y dormir. Lo que más me molesta es no entender, o no saber si de verdad no entiendo nada o entiendo perfectamente y no me gusta lo que entiendo. Entienden?
Porque estoy cansada de él, pero más cansada estoy de mí y de lo insoportable que me pongo con cada huevada que pasa entre nosotros. Y no es la primera vez que dejo que mi humor dependa de alguien, eso también me molesta. Otra vez doy más de lo que recibo y no hago nada, pareciera que me encanta estar mal, que elijo mal a propósito.
Pero, y si no estoy eligiendo mal? Les juro que lo quiero (aunque les chupe un huevo y no me conozcan) les confieso que lo quiero mucho y no sé si está bueno o es una cagada. Porque admito que me hace bien un rato y cada vez que bajo de su auto estoy hecha una pelotuda y me da asco lo Susanita que me pone todo esto, pero me hace más mal que bien. En balance, aunque odio los balances, son más las noches como ésta que me quiero matar a las que estoy feliz.

Te lo digo en criollo? La vida es puta.