miércoles, 4 de junio de 2014

Run run


Flor caminaba, caminaba rápido y mientras caminaba las lágrimas saltaban de sus ojos como la lluvia sobre su uniforme, como gotitas suicidas. 
Suena el celular y flor atiende:
- no me digas esto, me hacés sentir una pelotuda. No, NO. No me sigue gustando simplemente no lo quiero ver más y la vida no me deja en paz. Pensé que este año, ahora que se fue, no lo iba a volver a ver y VUELVE. SIEMPRE VUELVE
Flor sube al colectivo entre llanto, angustia y nudos en la garganta
-$3,30 por favor
Está casi vacío. Son las 14:30 de un jueves lluvioso; hace frío y el cielo está nubladísimo. El colectivo arranca.
Mientras el colectivo anda,  no puede dejar de llorar en silencio. El señor que está sentado al lado la mira por el reflejo de su celular y Flor se da cuenta e intenta controlar las lágrimas, pero es tal la tristeza, la incomodidad de volverlo a ver, ver cómo se para y se ríe. 
-Lo odio. ¿Por qué me pasa esto a mi? Me cagó la vida.
Se levanta del asiento, va a la puerta y toca el timbre. El colectivo para y Flor baja. No puede soportar el sol, ni la ruta, ni la vida, y corre. Mientras sus lágrimas caen y caen el viento en su cara las va secando. Llega a su casa y se queda sentada en la puerta llorando con su gato.

Hoy lo va a ver.  

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