Los padres de
Serena no la dejaban cerrar la puerta de su cuarto con llave. Se la escondían.
Una vez la robó de la mesa de luz de su mamá y se encerró, solo porque para ella estaba prohibido. Pero le duró poco, el solo hecho de desobedecerlos le hacía sentir una culpa insoportable, y ese era uno de los primeros indicios de que nunca iba a poder hacer nada sin pedir permiso, de que siempre iba a necesitar la aprobación de alguien.
Una vez la robó de la mesa de luz de su mamá y se encerró, solo porque para ella estaba prohibido. Pero le duró poco, el solo hecho de desobedecerlos le hacía sentir una culpa insoportable, y ese era uno de los primeros indicios de que nunca iba a poder hacer nada sin pedir permiso, de que siempre iba a necesitar la aprobación de alguien.
A Serena no le gusta
estar sola. La vuelve loca estar sola, la hace llorar. No sabe estar sola
porque nunca la dejaron y a la vez busca estar sola. Porque cuando una está
acompañada se acostumbra, pero la compañía nunca, pero nunca dura para siempre.
Y es mejor haber estado siempre sola que sacarse la costumbre de haber estado
mucho tiempo acompañada.
Estar triste y
acompañada es horrible, es sentirse menos que el otro. Es sentir que el otro te
tiene pena, es humillarse. En cambio estar triste con una misma es un placer
egoísta, por eso a Serena le gusta llorar y escribir sola. Pero siempre hay
alguien que la quiere ayudar, y ella no siempre tiene ganas de contar lo que le
pasa. Odia los consejos, odia los consejos inútiles, las críticas
constructivas. Odia la gente que con su mejor buena voluntad la aconseja, como si
a ella nunca se le hubiese ocurrido esa idea, como si ella hubiera elegido estar
como está. Odia el hecho de tener que contarles a sus cercanos todo lo que le
pasa, porque si no lo hace le reprochan que
no confía en ellos.
Serena siempre tuvo la sensación de que todo el tiempo la pueden atrapar haciendo algo que no debe, que siempre alguien la puede estar mirando. Siempre alguien puede entrar, o salir, o lastimarla sin que ella lo espere. Por más sola y tranquila que ella piense que está, siempre tiene esa escondida sensación de que alguien puede en cualquier momento aparecer. Por más caparazón, por más soledad y corazón de piedra, por más mirada fría y contestaciones sarcásticas. Por más puerta cerrada, superficialmente cerrada, porque una puerta no está del todo cerrada si no está cerrada con llave, y los padres de Serena no la dejaban cerrar la puerta de su cuarto con llave.

