miércoles, 4 de junio de 2014

No tan distintos

Me pidió que no me obsesione con él, que no lo asfixie, que no “lo consuma”, textualmente hablando. Pero no puedo entender, si el que me escribe canciones, se muere por verme los fines de semana y me dice que me extraña es él. ¿Estaré siendo una loca obsesiva y no me di cuenta? ¿O es él que no sabe lo que quiere?

Después de todo lo que hizo para estar conmigo, me pide que no me obsesione. Que haga lo que de verdad tengo ganas de hacer. Que no decida estar con él un sábado solamente para que él no salga, y me lo dice como si todas mis acciones giraran en torno a él y no en torno a lo que yo tengo ganas de hacer. Me dice que me quiere ayudar. ¿Ayudarme o ayudarse? Ayudarte. Ayudar(¿nos?).

No entiendo. Mirá si me voy a obsesionar, nunca necesité de nadie para estar bien. Me llevo bien conmigo misma, sola. Una cosa es que con vos esté mejor y te lo diga, pero eso no significa que no pueda estar sin vos. Te quiero mucho y me hacés muy bien, pero me vivís desanimando. Con tus miedos, con tus quilombos, con tus relaciones pasadas, me metés en cosas con las cuales no tengo nada que ver. De un día para el otro me hablás cortado y no me decís por qué. Me hacés pasarla mal. Pero pasarla bien también. 

Y en el fondo me gusta. Me gusta que me metas en tus cosas y te enquilombes conmigo. Que pienses todo el día en cómo hacerme estos planteos de mierda, que pienses en mí porque yo también pienso en vos. Me gustás vos y por eso me enredo y no te digo nada. Pero con cada pelea, escenita y planteo me voy des(¿enamorando?) más.

Y sí es cierto que te extraño, que necesito estar con vos y que cuando estamos peleados tengo un nudo constante en la garganta. Una tristeza entera que abarca todo lo que hago durante el día y una tristeza que nunca sentí por nadie. Y dependo de que estés bien. De que estés mal. De que estés.

Y entonces entiendo, la que tiene miedo soy yo. 

Run run


Flor caminaba, caminaba rápido y mientras caminaba las lágrimas saltaban de sus ojos como la lluvia sobre su uniforme, como gotitas suicidas. 
Suena el celular y flor atiende:
- no me digas esto, me hacés sentir una pelotuda. No, NO. No me sigue gustando simplemente no lo quiero ver más y la vida no me deja en paz. Pensé que este año, ahora que se fue, no lo iba a volver a ver y VUELVE. SIEMPRE VUELVE
Flor sube al colectivo entre llanto, angustia y nudos en la garganta
-$3,30 por favor
Está casi vacío. Son las 14:30 de un jueves lluvioso; hace frío y el cielo está nubladísimo. El colectivo arranca.
Mientras el colectivo anda,  no puede dejar de llorar en silencio. El señor que está sentado al lado la mira por el reflejo de su celular y Flor se da cuenta e intenta controlar las lágrimas, pero es tal la tristeza, la incomodidad de volverlo a ver, ver cómo se para y se ríe. 
-Lo odio. ¿Por qué me pasa esto a mi? Me cagó la vida.
Se levanta del asiento, va a la puerta y toca el timbre. El colectivo para y Flor baja. No puede soportar el sol, ni la ruta, ni la vida, y corre. Mientras sus lágrimas caen y caen el viento en su cara las va secando. Llega a su casa y se queda sentada en la puerta llorando con su gato.

Hoy lo va a ver.