lunes, 8 de agosto de 2016

Esperando el impacto

Alguna vez escuché decir que el agua tibia es la mejor para bañarse. El agua fría te contractura, tiene que estar tibia. El agua caliente te da insomnio, tiene que estar tibia. La comodidad es tibia, la zona de confort lo es. Ni un extremo ni el otro: tibia, equilibro, un poco de las dos cosas. 

Puede que en la ducha esté bien, pero cuando de personas se trata, simplemente no tolero la tibieza.


Últimamente me di cuenta de que estoy rodeada, y siempre lo estuve, de personas tibias. Personas que no se atreven a cuestionar absolutamente nada: ni a Dios, ni a la autoridad, ni a un profesor, ni a un compañero, ni siquiera a ellos mismos. Nada.  Gente que acepta todo tal cual le es dado. Gente que no opina, no cuestiona, no critica, y por ende asumo, gente que NO PIENSA. Gente tibia, gente que arruga. Y realmente me exaspera.


Un poco de reacción estoy pidiendo, nada más. Cuando algo es injusto, cuando algo está mal, cuando te están queriendo vender mierda, no mirar para el costado, no dejarse cagar. Reaccionar. Tener opinión acerca de algo, acerca de cosas básicas, ser alguien. No pensar igual que todos, no dejarse cortar por la misma tela, por la televisión, por los canales de noticias. Leer, sacar las propias conclusiones, y poder decir “NO” cuando algo está mal.

Pero si hay gente que me molesta todavía más que los tibios, son los chupa culos. Esa gente entiende, razona, critica, pero todo por adentro. Esa gente busca quedar bien, busca una ganancia, vende su opinión y su idea del “bien” y de “lo justo” por no quedar mal, así sea con un profesor, un cura, con la vieja de enfrente, una mina o la mamá de un amigo. Esa gente que no se anima a ser lo que en verdad es y que los demás sepan que piensa lo que en verdad piensa, es la que menos tolero. Es la tibieza por excelencia, es la prostitución de los ideales, de la propia naturaleza del ser humano.

Bajo, bajo cae la gente por no quedar mal. Yo creo que si tenés la necesidad de todo el tiempo coincidir con la mayoría, con ese eterno sinsentido colectivo con tal de no dejar entrever tus verdaderos pensamientos y opiniones, es porque son una mierda y probablemente vos en sí lo seas.

domingo, 3 de julio de 2016

El country de la soledad

Escucho la lluvia cayendo con fuerza, la miro de reojo. Veo cómo se inunda la calle, mitad de asfalto, mitad de tierra; las lavandas se mueven de un lado a otro con el viento al igual que las copas de los árboles más altos. Es hermoso el bosque. Las nubes grises ya no se distinguen porque ahora todo el cielo es de un gris uniforme y brillante, plateado. Se escuchan los pájaros, unos cantando más lejos y otros sobre mi ventana, y lo único que quisiera es que el día se quede así para siempre. Que la lluvia siga cayendo con la misma intensidad y que haga el mismo ruido. Que los árboles y la tierra tengan el mismo olor y que sea domingo a la tarde toda la semana. Pero quizás lo que hace que me guste tanto es que sé, sabemos, que va a parar.

Me detengo. La lluvia va perdiendo su fuerza, de a poco para, y empieza a parecerme un recuerdo. Me pregunto si existirá algo eterno, una sensación eterna, un sentimiento. Si algo puede ser tan real que no termine nunca.