No es que no te quiera más, es que ya no te necesito. Estoy como siempre estuviste vos, por fin me tocó a mí y te juro que te
deseo lo mejor.
martes, 23 de abril de 2013
Mi genio amor
domingo, 7 de abril de 2013
La parabellum de la buena psicópata
Haría una matanza general de pendejitas sin personalidad.
Esas envidiosas que le hacen la vida imposible a la que es diferente, eso sí, siempre
que están rodeadas de su grupito de amigas, una con menos materia gris que la
otra. Y pasa a todas las edades, la virgen en celo se junta a chusmear con las
arpías solteras sobre lo cornuda que es La Fulana con novio, la fea con granos
de la mano de las unicejas con bigote critica a La Fulana carilinda, la que
repitió bardea con faltas de ortografía a La Fulana que se saca diez. El viernes pasado me tuve que quedar en el colegio haciendo tiempo, y estaba sentada en el kiosco cuando tocó el timbre del recreo de primaria. Mientras los varones jugaban a la mancha, corrían de acá para allá y juntaban moneditas para comprar caramelos un grupito de cuatro nenas de 7, 8 años, se miraban al espejo y se peinaban. En eso otra nena rubia de ojos celestes y anteojos se mete en el grupito con una Barbie en la mano. No pude evitar escuchar el “AY MARTINA SALÍ DE ACÁ, NADIE TE LLAMÓ!!!!” con voz de pito que emitieron a coro las otras cuatro. Martina se puso a llorar y se fue mientras las demás se reían de ella y le decían que era fea.
Se dieron cuenta de que las estaba mirando y vinieron a chuparme las medias: “que lindos auriculares, que linda cintita tenés en el pelo, cómo te llamas? A qué grado vas? Me peinás? Me re gusta tu celular, me dejas escuchar música?”
Como buena antisocial y zorra sin sentimientos ni madurez les dije que no, que no quería llenarme de piojos tocándoles el pelo, que ni en pedo les prestaba mis auriculares y que se fueran a la mierda porque si no les iba a pegar. Me dijeron que le iban a contar a la seño y se fueron a sentar a otra mesa mirándome con odio.
Vuelve Martina y les pide perdón. TE LO JURO, LES PIDE PERDÓN. Las demás se ríen y le dicen que se vaya. Entonces la saludo y desde la otra mesa le digo: -Vos sos Martina no? Me re gusta tu pelo, que lindos ojos que tenés! Querés escuchar música con mis auriculares?
La nena, pobrecita mi vida, secándose las lágrimas me pregunta cómo sabía que se llamaba Martina, y si era compañera de su primo.
Para zafar le dije que sí, que conocía a su primo y que él me había hablado de ella. La chiquita me creyó y vino conmigo a escuchar música. Ni 30 segundos tuvieron que pasar para que el grupete de falsas fueran corriendo a decirle a Martina si todavía tenía la Barbie para jugar con ellas, que si quería gomitas, que esto que lo otro.
Martina me agradeció por prestarle los auriculares y se fue riéndose con sus nuevas mejores amigas, y yo, candidata al infierno, las hubiese mandado contra el paredón.
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