Si supieras me dirías que la
obsesión es venenosa, que sos muy alto y solitario, que los domingos de lluvia y
el dentífrico estrujado. Pero como nunca te vas a enterar, dejo de luchar
contra mi mal genio y le doy riendas sueltas a mi abusiva curiosidad. No
digamos venenosa, “poco sana” queda mejor.
Y así es como día tras día
releo tus delirios, o trato de interpretarlos, porque… si serás jodido vos!
Sé más de vos que Wikipedia. Si hasta las fotos de tus ex novias anduve pispiando,
y dicho sea de paso, tenías mal gusto y no habrían hecho falta tantos casorios
si me hubieras conocido a mí antes que a Aurora.
De todas formas, con qué
derecho me enamoras así y te vas, con la sonrisa del deber cumplido a otro
lugar más verde, rosa y amarillo que este planeta tan gris y tierra en el que
me quedo yo, con semejantes ganas de haberte conocido, aunque sea mirándote
desde un metro más abajo pero mirandote al fin? Habrase visto!
Tendrías que saber, vos, papel
con tinta y sin sentimientos, que te amo, y no es en secreto. Y cuando sea
grande quisiera ser como vos, por eso me hubiese encantado que fueras mi papa,
aunque también mi marido o mi amante. Ves que te digo que es un amor así, medio degenerado?
No me puedo hacer responsable de lo que provocás en mí, en este dilema juego el
papel de víctima.
Lo más terrible es que no lo
saben, pero cuando me regalaron mi primer libro de tu autoría no me regalaron
una edición colorida de “Todos los fuegos, el fuego”, me regalaron la carga de
enamorarme de vos, maldito y brillante espécimen, y junto con esa carga el
castigo de compararte con cada hombre que conozco, impidiendo así que me
enamore de alguien más cercano a la realidad y me case y tenga hijos y sea un
doceavo de lo feliz que hubiese sido caminando de tu enorme mano; y lo más
terrible es que no lo saben.
Yo podría ser la Maga, como también Babs o un cronopio, chiquito, húmedo y
verde. Yo podría haber sido lo que vos quisieras, tu océano o tu ancla, tu
primera o tu tercera, tu juego de ajedrez o tu whisky on the rocks. Un habano
con el Che o las sabanas de seda de tu departamento en París. Pero tenía que
ser yo? Tan atrapada en un milenio en el que no existís, tan a siglos de tu
casa en Banfield?
Mirá mejor ni hablemos, sos un caradura Julio.