lunes, 9 de diciembre de 2013

Waterloo

A veces te das cuenta de que no siendo tan dramática te va mejor. Aceptando la realidad es como ves las cosas más claras, y te evitás muchísimos ataques de rabia. Hasta engordás menos, cuando tenés la cabeza vacía de ratones desaparece la angustia oral, o sea, los atracones de helado, fideos fríos, pizza dura y andá a saber qué (el estómago de la despechada no conoce límites ni discrimina dulce, salado o vencido).

A qué me refiero? A aceptar que en la relación jugás el papel de boluda. A aceptar, por ejemplo, que no sos tan conchuda y que la mina con la que te cagó tu pibe en realidad es una macanuda. Duro. Pero sí, y aceptar que si no tuvieras la ferviente obligación de odiarla con todo tu ser te caería re bien.
Aceptar que si tanto te quisiera te hablaría, y aceptar, por último, que vos lo querés más a él que él a vos.

martes, 23 de abril de 2013

Mi genio amor

Ahora que pasó todo, que estamos lejos y no nos vamos a ver más, iría hasta a tu casa a abrazarte y agradecerte por enseñarme tan mal y tanto. Porque a pesar de todo lo que me hiciste llorar, de tu pedagogía de mierda y esa capacidad que siempre tuviste de volverme loca, aprendí mucho con vos.
No es que no te quiera más, es que ya no te necesito. Estoy como siempre estuviste vos, por fin me tocó a mí y te juro que te deseo lo mejor.

domingo, 7 de abril de 2013

La parabellum de la buena psicópata


Haría una matanza general de pendejitas sin personalidad. Esas envidiosas que le hacen la vida imposible a la que es diferente, eso sí, siempre que están rodeadas de su grupito de amigas, una con menos materia gris que la otra. Y pasa a todas las edades, la virgen en celo se junta a chusmear con las arpías solteras sobre lo cornuda que es La Fulana con novio, la fea con granos de la mano de las unicejas con bigote critica a La Fulana carilinda, la que repitió bardea con faltas de ortografía a La Fulana que se saca diez.

El viernes pasado me tuve que quedar en el colegio haciendo tiempo, y estaba sentada en el kiosco cuando tocó el timbre del recreo de primaria. Mientras los varones jugaban a la mancha, corrían de acá para allá y juntaban moneditas para comprar caramelos un grupito de cuatro nenas de 7, 8 años, se miraban al espejo y se peinaban. En eso otra nena rubia de ojos celestes y anteojos se mete en el grupito con una Barbie en la mano. No pude evitar escuchar el “AY MARTINA SALÍ DE ACÁ, NADIE TE LLAMÓ!!!!” con voz de pito que emitieron a coro las otras cuatro. Martina se puso a llorar y se fue mientras las demás se reían de ella y le decían que era fea.
Se dieron cuenta de que las estaba mirando y vinieron a chuparme las medias: “que lindos auriculares, que linda cintita tenés en el pelo, cómo te llamas? A qué grado vas? Me peinás? Me re gusta tu celular, me dejas escuchar música?”
Como buena antisocial y zorra sin sentimientos ni madurez les dije que no, que no quería llenarme de piojos tocándoles el pelo, que ni en pedo les prestaba mis auriculares y que se fueran a la mierda porque si no les iba a pegar. Me dijeron que le iban a contar a la seño y se fueron a sentar a otra mesa mirándome con odio.
Vuelve Martina y les pide perdón. TE LO JURO, LES PIDE PERDÓN. Las demás se ríen y le dicen que se vaya. Entonces la saludo y desde la otra mesa le digo: -Vos sos Martina no? Me re gusta tu pelo, que lindos ojos que tenés! Querés escuchar música con mis auriculares?
La nena, pobrecita mi vida, secándose las lágrimas me pregunta cómo sabía que se llamaba Martina, y si era compañera de su primo.
Para zafar le dije que sí, que conocía a su primo y que él me había hablado de ella. La chiquita me creyó y vino conmigo a escuchar música. Ni 30 segundos tuvieron que pasar para que el grupete de falsas fueran corriendo a decirle a Martina si todavía tenía la Barbie para jugar con ellas, que si quería gomitas, que esto que lo otro.
Martina me agradeció por prestarle los auriculares y se fue riéndose con sus nuevas mejores amigas, y yo, candidata al infierno, las hubiese mandado contra el paredón.
Amor y paz!!!!!!! 

sábado, 9 de marzo de 2013

Ana no duerme



                                                                                Ana le dice a su gato “estoy triste”, esperando una respuesta, movimiento de patita, “rrr” oalgo; pero éste lo único que hace es levantarse e irse sin emitir sonido alguno.

Tendrías que comprarte una tortuga, Ana. De las tortugas no podés esperar nada, o mejor un caracol que por lo menos va dejando un caminito de baba por el piso, así te da algo que hacer, ir atrás de él con un trapito. Y los caracoles no se van, no te dejan como él.
Pero Ana sigue en el piso, con el brazo estirado, como si el gato estuviera ahí para seguir acariciándolo.
Se pone a pensar en todas las cosas que hizo con él, las miradas cómplices, las tardes de amor en el banquito de la plaza, el día que conoció a sus suegros, el viaje a Suiza, los tres hijos y tantas otras cosas que nunca pasaron.
Empieza a sentir frío en la espalda, y se acuerda que está tirada en el piso, entonces se levanta de una vez por todas y suspira enojada con la vida.
Mientras hace los fideos come zucaritas con leche y mira su reflejo en la ventana de la cocina, es de noche y hace frío. En eso reaparece su gato, sintió el olor a leche, y se queda mirándola como asumiendo que ella le tiene que dar. Se miran unos segundos, minutos por ahí, y de puro vengadora que es le dice a Pelusa -¿Querés leche? ¿Eh? Acá tenés leche!. Y lo salpica con la cuchara. El gato se va, ofendido, y Ana se da cuenta de que está hablando sola y se ríe. Después se da cuenta de que se está riendo sola y se asusta.
La soltería te está haciendo mal, Ana. Tus ganas de llorar son de miedo a pasar lo mismo una y otra vez. Y con la angustia no se puede hacer nada, sirve para hacerte acordar que estás viva, y que sentís como todo ser humano, y que se te están pasando los fideos.
Ana apaga el fuego rapidísimo y le saca la tapa a la cacerola, se quema con el agua del vapor y odia todo. Ella sabe que en estos momentos lo peor que puede hacer es poner el CD de Serrat, pero lo pone igual, y llora como siempre.
Esa noche duerme abrazada de Pelusa.

(Hechos verídicos)

lunes, 18 de febrero de 2013

Un poco de amor francés


Si supieras me dirías que la obsesión es venenosa, que sos muy alto y solitario, que los domingos de lluvia y el dentífrico estrujado. Pero como nunca te vas a enterar, dejo de luchar contra mi mal genio y le doy riendas sueltas a mi abusiva curiosidad. No digamos venenosa, “poco sana” queda mejor.
Y así es como día tras día releo tus delirios, o trato de interpretarlos, porque… si serás jodido vos! 
Sé más de vos que Wikipedia. Si hasta las fotos de tus ex novias anduve pispiando, y dicho sea de paso, tenías mal gusto y no habrían hecho falta tantos casorios si me hubieras conocido a mí antes que a Aurora. 
De todas formas, con qué derecho me enamoras así y te vas, con la sonrisa del deber cumplido a otro lugar más verde, rosa y amarillo que este planeta tan gris y tierra en el que me quedo yo, con semejantes ganas de haberte conocido, aunque sea mirándote desde un metro más abajo pero mirandote al fin? Habrase visto!
Tendrías que saber, vos, papel con tinta y sin sentimientos, que te amo, y no es en secreto. Y cuando sea grande quisiera ser como vos, por eso me hubiese encantado que fueras mi papa, aunque también mi marido o mi amante. Ves que te digo que es un amor así, medio degenerado?
No me puedo hacer responsable de lo que provocás en mí, en este dilema juego el papel de víctima. 
Lo más terrible es que no lo saben, pero cuando me regalaron mi primer libro de tu autoría no me regalaron una edición colorida de “Todos los fuegos, el fuego”, me regalaron la carga de enamorarme de vos, maldito y brillante espécimen, y junto con esa carga el castigo de compararte con cada hombre que conozco, impidiendo así que me enamore de alguien más cercano a la realidad y me case y tenga hijos y sea un doceavo de lo feliz que hubiese sido caminando de tu enorme mano; y lo más terrible es que no lo saben.
Yo podría ser la Maga, como también Babs o un cronopio, chiquito, húmedo y verde. Yo podría haber sido lo que vos quisieras, tu océano o tu ancla, tu primera o tu tercera, tu juego de ajedrez o tu whisky on the rocks. Un habano con el Che o las sabanas de seda de tu departamento en París. Pero tenía que ser yo? Tan atrapada en un milenio en el que no existís, tan a siglos de tu casa en Banfield?
Mirá mejor ni hablemos, sos un caradura Julio.

viernes, 11 de enero de 2013

Crónicas de una mina sensible


Lo que pasa es que hoy estaba en una confitería tomando un café con mi viejo, haciendo tiempo, y te juro que estaba re antojada de UNA medialuna de manteca, hace rato que quería. 
Fui toda contenta a pedirme un cortadito con una medialuna de manteca, y cuando le pagué a la chica del mostrador sentí ese placer de la dulce espera hasta que me dieran mi medialuna, esa alegría de saber que en momentos nada más iba a agarrar una esponjosa y amarilla medialuna de manteca.
Se asoma la chica al mostrador y me dice, destilando veneno con la mirada:

-mirá nena, te puedo ofrecer todas estas masitas (señala la mesa de las masitas con el dedo índice), pero no tenemos más medialunas.
Me brotaron las lágrimas de los ojos. Yo quería una medialuna de manteca y en cambio comí un alfajor de maicena. No te imaginás lo abismal que es la diferencia.
Y me quedé mal, porque encima en vez de un cortadito me dieron una lágrima, lo cual no ayudó a mi integridad emocional. 
Pero me sentí tan indefensa y descolocada sin mi cortado y sin mi medialuna de manteca que no fui capaz de decirle nada a la chica de las masitas, que se sonreía y me miraba con maldad mientras acariciaba ese horrible gato negro, que también me miraba.