viernes, 11 de enero de 2013

Crónicas de una mina sensible


Lo que pasa es que hoy estaba en una confitería tomando un café con mi viejo, haciendo tiempo, y te juro que estaba re antojada de UNA medialuna de manteca, hace rato que quería. 
Fui toda contenta a pedirme un cortadito con una medialuna de manteca, y cuando le pagué a la chica del mostrador sentí ese placer de la dulce espera hasta que me dieran mi medialuna, esa alegría de saber que en momentos nada más iba a agarrar una esponjosa y amarilla medialuna de manteca.
Se asoma la chica al mostrador y me dice, destilando veneno con la mirada:

-mirá nena, te puedo ofrecer todas estas masitas (señala la mesa de las masitas con el dedo índice), pero no tenemos más medialunas.
Me brotaron las lágrimas de los ojos. Yo quería una medialuna de manteca y en cambio comí un alfajor de maicena. No te imaginás lo abismal que es la diferencia.
Y me quedé mal, porque encima en vez de un cortadito me dieron una lágrima, lo cual no ayudó a mi integridad emocional. 
Pero me sentí tan indefensa y descolocada sin mi cortado y sin mi medialuna de manteca que no fui capaz de decirle nada a la chica de las masitas, que se sonreía y me miraba con maldad mientras acariciaba ese horrible gato negro, que también me miraba.

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