lunes, 9 de diciembre de 2013

Waterloo

A veces te das cuenta de que no siendo tan dramática te va mejor. Aceptando la realidad es como ves las cosas más claras, y te evitás muchísimos ataques de rabia. Hasta engordás menos, cuando tenés la cabeza vacía de ratones desaparece la angustia oral, o sea, los atracones de helado, fideos fríos, pizza dura y andá a saber qué (el estómago de la despechada no conoce límites ni discrimina dulce, salado o vencido).

A qué me refiero? A aceptar que en la relación jugás el papel de boluda. A aceptar, por ejemplo, que no sos tan conchuda y que la mina con la que te cagó tu pibe en realidad es una macanuda. Duro. Pero sí, y aceptar que si no tuvieras la ferviente obligación de odiarla con todo tu ser te caería re bien.
Aceptar que si tanto te quisiera te hablaría, y aceptar, por último, que vos lo querés más a él que él a vos.