A veces te das cuenta de que no
siendo tan dramática te va mejor. Aceptando la realidad es como ves las cosas
más claras, y te evitás muchísimos ataques de rabia. Hasta engordás menos,
cuando tenés la cabeza vacía de ratones desaparece la angustia oral, o sea, los
atracones de helado, fideos fríos, pizza dura y andá a saber qué (el estómago
de la despechada no conoce límites ni discrimina dulce, salado o vencido).
A qué me
refiero? A aceptar que en la relación jugás el papel de boluda. A aceptar, por
ejemplo, que no sos tan conchuda y que la mina con la que te cagó tu pibe en
realidad es una macanuda. Duro. Pero sí, y aceptar que si no tuvieras la
ferviente obligación de odiarla con todo tu ser te caería re bien.
