Tengo la (¿mala?) suerte de que los hombres no quieran comprometerse conmigo. Se encariñan, me extrañan, me celan, en otras palabras, me rompen las pelotas como si fuéramos novios pero no se comprometen.
Y este muchacho me agarró tan
cansada de lo mismo que lo estoy apurando más de lo normal. Es que me violenta
este protocolo del tiempo, que secreta y universalmente, todos
aceptamos. ¿A qué me refiero? A esas reglas escritas en ningún lado que dicen
que tenés que esperar a que él te diga que te extraña antes de decírselo vos, o
que no te podés enojar si él está con otra cuando todavía “no son nada”, aunque
hayan estado saliendo varios meses.
Si, reglas de mierda. Reglas que
no juegan a favor de nadie y reglas de las que me cansé. No es que quiera gritar un amor a los cuatro vientos, no, para nada. ¿Pero
por qué negar que nos gustamos? ¿Por qué no decirnos que nos queremos? No
significa que nos tengamos que casar.


No hay comentarios:
Publicar un comentario