Qué feo ignorar la razón de una
actitud que alguien tiene con vos. Que feo, porque de saberla, uno puede tratar
de revertir la situación, o dar explicaciones,o putear o disculparse. Pero
cuando se ignora el por qué, a uno se le abre en la cabeza el peor abanico de
posibilidades: el abanico de culpas. Todas las cosas por las que nos sentimos
culpables pasan a ser las posibles razones del enojo del otro. Y ahí sí no se
sabe por qué putear o disculparse. Y ahí sí los dos se confunden. Y ahí sí los
dos se alejan.
Ignorar los sentimientos de una persona
nos lleva a lastimarla, o a lastimarnos. Ojalá pudieras saber si te quiere.
Sospechás que sí, pero todavía no lo demuestra. Te hace mal estar así.
Necesitás que algo se defina por sí o por no, si no quiere nada con vos te vas
y listo. Pero, ¿y si te quiere como vos esperás?
Lo bueno de la ignorancia es que
te mantiene ahí, esperando una respuesta. No te deja irte, por las dudas, te
tiene a su merced y queda en uno rendirse o no pero, ¿no nos gusta más ignorar
y seguir esperando que tener una certeza de mierda?


No hay comentarios:
Publicar un comentario