No me
caracterizo por mi buena memoria. Por eso escribir para mí es la mejor forma de
tener memoria, cada vez que leo lo que escribí en el pasado vuelvo a sentir lo
que sentía en ese momento. Aunque generalmente es angustia, otras veces es
ternura. Ternura de todo el sentimiento que ponía en cosas que no se lo
merecían, y es lindo ver el progreso que una va haciendo con los años y pasar
de estar triste por algo que te hicieron a sonreír porque pasó.
Y te juro que de todo eso se aprende. Del mal de
amores al fin y al cabo se aprende. A mí me llevó a leer un montón de libros
para distraerme y así conocí a los autores que más me marcaron, Cortázar por
ejemplo. También me enseñó a no esperar todo de alguien. No te digo que no esperes
nada de nadie, que desconfíes de todos, porque vivir desconfiando debe ser
terrible. Pero nunca esperes que te devuelvan todo lo que das.
Paradójicamente, otra de las cosas que me enseñó el desamor es a darlo todo. Si tenés ganas, dalo y todo, aunque sepas que no vas a recibir lo mismo, porque no hay peor cosa que arrepentirse de no haber dicho o hecho algo. Tengo una amiga que dice que todos tenemos derecho a decir lo queramos por más loco y sincero que sea, siempre y cuando no faltemos el respeto. Y tiene razón, no hay por qué guardarse nada ni tener vergüenza de lo que pensamos. Hay que dejar de condicionarnos por qué irá a pensar el otro. Te parece que algo es así? Decilo.
Y ésta es una de esas entradas con las que espero sonreír algún día pero que hoy escribo en pijama entre mates lavados y ganas desesperadas de gritar, fumar y dormir. Lo que más me molesta es no entender, o no saber si de verdad no entiendo nada o entiendo perfectamente y no me gusta lo que entiendo. Entienden?
Porque
estoy cansada de él, pero más cansada estoy de mí y de lo insoportable que me
pongo con cada huevada que pasa entre nosotros. Y no es la primera vez que dejo
que mi humor dependa de alguien, eso también me molesta. Otra vez doy más de lo
que recibo y no hago nada, pareciera que me encanta estar mal, que elijo mal a
propósito.
Pero,
y si no estoy eligiendo mal? Les juro que lo quiero (aunque les chupe un huevo
y no me conozcan) les confieso que lo quiero mucho y no sé si está bueno o es
una cagada. Porque admito que me hace bien un rato y cada vez que bajo de su
auto estoy hecha una pelotuda y me da asco lo Susanita que me pone todo esto,
pero me hace más mal que bien. En balance, aunque odio los balances, son más las
noches como ésta que me quiero matar a las que estoy feliz.


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