domingo, 10 de junio de 2012

Como toda señorita eras bien histeriquita


Rita toca la puerta del consultorio, como todos los martes a las 5. Su psicóloga le da paso en la habitación, tomando su abrigo y señalándole el sillón. Rita toma asiento y comienza a hablar -No me contesta- dice, -No me llamó, él me dijo que me iba a llamar, no me llama. Mi número no lo olvidó, porque me dijo que lo agendó en su celular. A no ser que me haya mentido, puede ser. Me mintió. Me odia. No me ama, me odia. No me va a llamar. Y yo que le dí todo, mi vida, mi tiempo, mi trabajo. Bueno, hace tres meses que lo conozco. Pero yo le di todo! No lo puedo amar, por qué lo amo si él me odia? 
Irene, su psicóloga, escucha atentamente asintiendo y escribiendo cada palabra. -Y cómo te hace sentir?- pregunta.
-Mal, mal me hace sentir. Sabés qué pienso? Que mientras estoy acá hablando con vos, pierdo mi tiempo. Me hacés perder el tiempo, no sirve de nada que venga; si total esté acá o esté en mi casa el no me va a llamar. Qué absurdo estar acá! (mira hacia abajo, se muerde el labio y entra en razón)- No, no, con vos no es, perdón. Es que yo sé que haga lo que haga, mientras lo esté haciendo él va estar con ella. La conocí el sábado, trabaja con él.
-No creo que estemos en condiciones de tomar decisiones apresuradas o prejuzgar. Contame cómo la conociste.
-Bueno, en realidad no la conocí. Pero es obvio que algo pasa entre ellos. El otro día Maca me contó que los vio tomando un café muy contentos. La típica amante, vestidito rojo, pelo rubio, carré y sonrisa de tevoyacagaratunovio. Ojalá que la haya pasado muy bien, porque no me va a ver más. En qué estaba pensando cuando llegué? Grave es otra cosa! Hoy mismo le digo que saque sus cosas de mi casa. No me merece. Que llore y patalee el muy imbécil, me merezco mucho más y puedo conquistar a quien yo quiera... no?
-Claro que sí, sos una mujer independiente y lo que estás diciendo es un gran avance. Veo que estos 8 meses de terapia comienzan a dar sus frutos. Realmente sentís que podés seguir adelante sin problemas?- Pregunta Irene sonriendo.
-No, no... qué estoy diciendo. Sin él estoy perdida. No sé quién soy. No sé qué hacer. Ya me acostumbré a estar mal por él. No podría seguir sin mis sufrimientos eternos. Siento que todo vale la pena cuando está conmigo. Es tan gracioso, tan buena persona, no tiene maldad, sabés? Lo voy a llamar, pobre, debe estar muy ocupado con su trabajo. Yo sé que no lo hace a propósito.
-Se nos acabó el tiempo, volvé el martes a las 5.


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