Tratando de parecer una
despechada egoísta no me fue de lo mejor, ponele. Dándole importancia a
las malas noticias, de gente que te odia, de amores de tu vida que no
te dan bola. Empezó a surgirme un nuevo aspecto que no conocía, lo imprescindible. Y fue mejor,
porque me dí cuenta de que él no era lo que esperaba que fuera, que todo lo que
soñé definitivamente, no iba a pasar. Corta la bocha.Igual no significa que
no haya tenido nostalgia, no, nada que ver. Esa etapa se redujo a lo menos
romántico que me pasó en la vida. Actuar algo que no soy fue una pasión,
un sentimiento, no podía parar olé olé olá.Todas las películas me
parecían malas, había perdido el criterio en algún lloriqueo. A la
gente felíz no la veía, el mate lavado, la ducha fría, no eran problemas. Quedar
mal, abrir la caja de fósforos al revés, estaba todo bien. La desesperación
crónica, que se yo. Lo crónico es costumbre, no me molestaba.Pero nunca soporté estar
tranquila. Estar tranquila no es vida, descansar en paz es estar
muerta. Pero tantos ataques de nervios, en vez de ser intranquilidad, son caos.
Así que junto con lo
imprescindible volvió la razón, haciéndome entender que tenía que subir el
volumen y sacar la armónica para no escuchar. Y funcionó.


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